¡No individualicemos, colectivicemos!

Updated: Apr 4



*Por: Stephen Reicher (University of St. Andrews) & John Drury (University of Sussex).


La forma en que lidiamos con el Coronavirus está estrechamente relacionada con la forma en que concebimos la sociedad y el individuo. Y el problema es que estamos en peligro de equivocarnos completamente, con la consecuencia de que seremos menos efectivos para contener el virus. No hay nada nuevo en que estemos equivocados. Pero esta vez, hay vidas en juego.


El supuesto, reflejado en los consejos que se entregan a la población, es que la forma de cambiar el comportamiento de las personas es apelando a sus intereses individuales. Así, para asegurarse de que las personas presten atención, se individualiza el mensaje: ‘cambie su comportamiento, así sobrevivirá’. Seguramente esto tiene sentido, ¿no? Bueno, no. De hecho, esto es precisamente lo que NO se debe hacer. Este es el porqué.


En la práctica, aquellos que pertenecen a grupos de menor riesgo (individuos jóvenes, sanos y en buen estado físico) podrían pensar que no vale la pena realizar los cambios necesarios y, por lo tanto, decidir seguir actuando en formas que ponen en riesgo de infección a los grupos más vulnerables (ancianos y enfermos). Además, a nivel moral, tenemos el derecho de ignorar los peligros para nuestra integridad y algunos incluso se jactan de ser personas que toman riesgos. Puede sonar tonto, pero ignorar los consejos de seguridad a veces no es mal visto.


Además, si abordamos las cosas en términos puramente individuales (ej., ¡cuídate a ti mismo!) encontraremos dificultades para hacer que las personas lleven a cabo conductas que sean inconvenientes para sí mismas pero que beneficien a los demás (por ejemplo, quedarse en casa haciendo cuarentena). Lo mismo ocurre cuando se trata de distribuir recursos escasos (atención médica, medicamentos, gel de manos, etc.). Si priorizamos al individuo, entonces ganará el más fuerte en lugar del más necesitado. En ambos casos, la búsqueda del interés individual es ineficiente, socava la respuesta general a la crisis y causa muchas muertes más.


Nuestra propia investigación sobre respuestas en contextos de emergencias (Drury et al., 2019) muestra que es precisamente cuando las personas dejan de pensar solamente en ‘sí mismas’ y comienzan a pensar en un ‘nosotros’ como parte de un colectivo mayor – más técnicamente, cuando desarrollan un sentido de identidad social compartida – que las personas comienzan a coordinarse, a apoyarse mutuamente y a asegurarse de que la ayuda se focalice en quienes más lo necesitan. A veces, este sentido de identidad compartida surge por el solo hecho de experimentar una amenaza común. Sin embargo, los mensajes también son importantes. De esta forma, cuando una amenaza se formula en términos grupales, en lugar de puramente individuales, la respuesta pública es más sólida y efectiva (Carter et al., 2013).


Entonces, analicemos nuevamente la respuesta a la amenaza del Coronavirus. En lugar de individualizar el problema, debemos colectivizarlo. La cuestión clave no es tanto ‘¿sobreviviré?’ como ‘¿cómo lo superamos?’. En consecuencia, el énfasis debe estar en cómo podemos actuar para garantizar que aquellos más vulnerables de nuestra sociedad estén protegidos y las pérdidas para la comunidad se minimicen. Después de todo, desde una perspectiva colectiva, si uno de nosotros pierde, perdemos todos.


Si lo abordamos de esta manera, entonces se vuelve importante que todos se laven las manos y se cubran al toser debido a las implicancias que estas acciones pueden tener para la salud de los demás y la de nosotros mismos. Además, aunque pudiéramos tener el derecho (individual) de correr riesgos y poner nuestra integridad personal en peligro, tenemos la obligación moral de evitar poner en riesgo a los demás (especialmente a aquellos que son vulnerables y están en contacto con nosotros. Para un ejemplo de lo anterior, solo piense cómo cambia su forma de manejar cuando lleva niños en el auto). Ambas consideraciones son motivadores poderosos para la acción (Reicher y Haslam, 2009).


Es más, una vez que ciertas acciones pasan a ser parte de un asunto comunitario sujeto a normas colectivas, su transgresión genera presión social. Así, la mejor forma de evitar que las personas salgan a la calle cuando están enfermas o que ellas demanden recursos que necesitan menos que otros, no es simplemente tratando de cambiar sus motivaciones individuales internas, sino también movilizar la desaprobación externa a estas conductas. Por tanto, las personas que vayan enfermas a trabajar y los jóvenes en buen estado físico que demanden atención médica de urgencia, serán disuadidos de hacerlo cuando la comunidad se una para dejar en claro que estos no son comportamientos aceptables.


Una vez que colectivicemos la respuesta al Coronavirus, y una vez que hayamos creado normas claras sobre la maximización del bienestar de la comunidad, entonces nos volveremos menos dependientes de fuerzas externas, como la policía, para regular los comportamientos de las personas (por ejemplo, para decidir quién tiene prioridad para obtener atención médica), con todos los riesgos de enfrentamientos que esto conlleva. En cambio, la comunidad misma limitará a aquellos del grupo que se desvíen de la norma. Como siempre, la mejor regulación es la autorregulación colectiva (Reicher et al., 2004).


La dificultad con este enfoque, por supuesto, es que difiere con el sentido común psicológico contemporáneo, que insiste en que el comportamiento se rige por el interés individual. También contrasta con aquellos cambios sociales que han debilitado sin descanso a las comunidades y colectividades, que buscan transformar a los grupos sociales en meros consumidores individuales y que ven cada relación como un intercambio interpersonal basado en las reglas del mercado. En este sentido, el Coronavirus quizás es una poderosa llamada de atención.


Tenemos que cambiar la forma en que concebimos la epidemia (el Coronavirus).


Tenemos que cambiar la forma en que pensamos al individuo y la sociedad.


Tenemos que colectivizar, pensar como comunidad, o moriremos.


*La version original de este artículo (en inglés) fue publicada en The Psychologist (https://thepsychologist.bps.org.uk/dont-personalise-collectivise). La traducción del mismo al español fue realizada por Patricio Saavedra y Siugmin Lay.


Referencias


Carter, H.Drury, J.Rubin, G.Williams, R. and Amlôt, R. (2013), "The effect of communication during mass decontamination", Disaster Prevention and Management, Vol. 22 No. 2, pp. 132-147. https://doi.org/10.1108/09653561311325280


Drury, J., Carter, H., Cocking, C., Ntontis, E., Tekin Guven, S., & Amlôt, R. (2019). Facilitating collective psychosocial resilience in the public in emergencies: Twelve recommendations based on the social identity approachFrontiers in Public Health, 7 (141) doi: 10.3389/fpubh.2019.00141


Drury, J., & Alfadhli, K. (2019). Social identity, emergencies and disasters. In R. Williams, S. Bailey, B. Kamaldeep, S. A. Haslam, C. Haslam, V. Kemp, & D. Maughan (Eds). Social scaffolding: Applying the lessons of contemporary social science to health, public mental health and healthcare. London: Royal College of Psychiatrists.


Drury, J., Cocking, C., & Reicher, S. (2009). The nature of collective resilience: Survivor reactions to the 2005 London bombings. International Journal of Mass Emergencies and Disasters27(1), 66-95.


Drury, J., Cocking, C., & Reicher, S. (2009). Everyone for themselves? A comparative study of crowd solidarity among emergency survivors. British Journal of Social Psychology48(3), 487-506.


Reicher, S. D., & Haslam, S. A. (2009). Beyond help: a social psychology of social solidarity and social cohesion. In M. Snyder, & S. Sturmer (Eds.), The Psychology of Prosocical Behaviour Oxford: Wiley-Blackwell.


Vilas, X., & Sabucedo, J. M. (2012). Moral obligation: A forgotten dimension in the analysis of collective action. Revista de Psicología Social27(3), 369-375.


Reicher, S.Stott, C.Cronin, P. and Adang, O. (2004), "An integrated approach to crowd psychology and public order policing", Policing: An International Journal, Vol. 27 No. 4, pp. 558-572. https://doi.org/10.1108/13639510410566271


Stott, C., Adang, O., Livingstone, A., & Schreiber, M. (2008). Tackling football hooliganism: A quantitative study of public order, policing and crowd psychology. Psychology, Public Policy, and Law, 14(2), 115-141. doi:10.1037/a0013419

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